El otro día iba manejando y puse una canción de Nacho Vegas:
El hombre que casi conoció a Michi Panero.
No sé por qué la puse.
Pero cuando escuché el “casi” sentí algo incómodo.
Casi.
Qué palabra tan pequeña… y tan cabrona.
Tengo casi 40.
He hecho cosas. No estoy en la ruina. No estoy derrotado.
Pero tampoco estoy donde, en el fondo, sé que podría estar.
Y lo peor es que no puedo echarle la culpa a nadie.
No me falta inteligencia.
No me falta claridad.
No me falta capacidad para analizar mi vida.
Lo que me falta es sostener.
Soy buenísimo para entender mis patrones.
Para hablar de propósito.
Para escribir sobre disciplina.
Para detectar incoherencias.
Pero cuando llega el momento de repetir, insistir, aburrirme…
ahí empiezo a negociar conmigo mismo.
Y eso, si lo hago durante años, tiene un nombre que no me encanta:
Mediocridad.
Busqué la palabra. Viene del latín.
Significa quedarse a media montaña.
Y esa imagen me persiguió toda la semana.
No estoy en el valle.
Pero tampoco estoy subiendo.
Estoy… cómodo.
Y la comodidad sostenida es peligrosa.
Porque no duele lo suficiente como para cambiar.
No tiene nada de malo ser ordinario.
No todos vamos a ser extraordinarios.
Pero hay algo que sí pesa:
Saber que estás por debajo de tu propio margen.
No por incapacidad… sino por intermitencia.
He sido el tipo que empieza fuerte.
El que anuncia cambios.
El que se emociona con nuevas ideas.
Y luego se diluye.
Este blog estaba abandonado.
Como muchas otras cosas que “iba a hacer”.
No lo dejé por falta de ideas.
Lo dejé por falta de constancia.
Y escuchar esa canción me hizo pensar en algo muy simple:
No quiero que mi vida se convierta en una colección de “casis”.
Casi escribí.
Casi construí algo propio.
Casi fui constante.
No estoy en crisis.
Estoy en ese punto raro donde todo está “más o menos”.
Y el “más o menos” es el verdadero riesgo.
Así que no estoy retomando este espacio porque esté de moda escribir blogs.
Lo estoy retomando porque estoy cansado de analizarme tanto
y ejecutar tan poco.
No prometo grandeza.
No prometo viralidad.
Prometo repetición.
Porque si dentro de unos años sigo diciendo “casi”, ya no va a ser falta de claridad.
Va a ser falta de huevos.





Deja un comentario